Como todo lo prometido por los hombres, de que sea seguro no hay duda, de que no sea en el tiempo esperado, si. Aquí los dejo con un escrito de Ricardo A. Falcone, filósofo contemporáneo de lo ficticio que tras una vida de locura pudo dejar algunos de sus demonios en papel.
Ensayo sobre la dependencia
El robo, el hurto, el atraco, en fin, la privación de lo que uno posee (o cree poseer) a manos de otro que no lo posee, una cuestión de eterna polémica. Con el transcurso del tiempo y el intento imaginario con el cual se abandona la humanidad en pos del progreso tecnológico y social hacia un confort más elevado (pero costoso), este fenómeno sociológico se ha transformado en una de las principales metodologías de dominaciónn del ente estatal: la dependencia del Estado y sus instituciones por la salvaguarda y autoconservación física, emocional y material de uno mismo.
¿Como es esto posible? Sencillo, ya poco importa hoy día esta privación de los bienes materiales y el dinero, sino más bien, lo relevante se ha vuelta la posibilidad que bajo la excusa de privarnos de estas cosas insignificantes para este loco, ahora peligra la vida en sí. Atras han quedado los tiempos donde el robo propiamente dicho consistía en una técnica de astucia y supervivencia impulsada por las necesidades más básicas del hombre, como ser tales: robar alimento para no morir de hambre, abrigo para soportar la inclemencia del clima, etc. En la actualidad el robo y todas sus derivaciones (y vaya que son muchas) son el empleo mejor remunerado que existe. Nada es más sencillo que esperar que una persona tras vender su fuerza de trabajo por condiciones humillantes y precarias de trabajo, tras soportar el martirio de la jornada, el tráfico, la rutina y sus viscicitudes, salga con su dinero recien cobrado y ahi asaltarlo.
No obstante, como encaja esto con lo anteriormente dicho, aquí va: la amenaza constante de verse uno víctima de un robo representa no solo la perdida de dinero o bienes materiales vía la subtracción forzosa de los mismos por otro ser, ahora, simboliza solo una cuestión: la muerte de uno o de los que uno ama, o de ambos.
¿Como interfiere el ente estatal? Los medios de comunicación, pilar esencial del control mental de una pobación compuesta por seres que han olvidado su capacidad de elección y que todo lo aceptan en lugar de, como se espera, someter los datos y variables a su propia lógica y sistema de razonamiento. Cuantas más veces al día estos monstruos titánicos informativos anuncien que los estratos económicamente más bajos de la sociedad plantean una seudoguerra civil para con los demás, que el miedo, la miseria, la muerte, el pèligro, la INSEGURIDAD se han instalado, más se incrementa la idea de que indefensos debemos de hallar cobijo en los brazos del Estado y sus gobernantes.
De este modo, de todo continuar así, poco importará si uno despierta en unos años y al mundo se le avisa que jamás han existido criminiales ni robos, solo una cosa importará, y es que lo necesario para la supervivencia es estar protegido contra los "otros", asesinos, carteristas, rateros, malvados, bestias despiadadas. Rejas, alarmas, armas de varias clases, seguridad privada, casas reforzadas cual bóvedas de bancos, desconfianza total en el projimo, creencia ciega en las fuerzas de seguridad y policiales del Estado, ojos por millones a cada paso que pueda darse, temor constante.
Permitamese decirlo, maldita sea su inteligencia, pues han logrado algo maravillosamente macabro: instaurar en la sociedad el principio mismo de la carcel, donde a la mera y primaria privación de la libertad física, le es consecuente la dependencia absoluta de las mismas murallas que de dicha libertad nos han separado, de quienes en un momento nos obligaron a perderla. El horror y miedo constantes e infundidos a que nuestra vida peligra a cada segundo, de que pueden matarnos por tener mucho o poco, por todo o nada, por efecto de drogas o locura; nada importa, es un mecanismo sistemático informativo impuesto para que la población misma elija sin saberlo, el encierro a la libertad. Y lo más fabuloso es que se considera que el encierro tras los muros y la dependencia de estos a menos que las fuerzas de seguridad estén allí para salvarnos, es porque hay seres malvados y malditos que nada tienen y solo por avarismo y egoísmo quieren quitarnos lo que en teoría nosostros nos hemos ganado con el sudor de nuestra frente. Así es en efecto, pero no son los estratos más carenciados (quienes dicho sea de paso, si son carenciados es por efecto de la política neoliberalista, pero bueno, esto es tema de otro escrito, que no mucho tardará en llegar); son los grupos económicos de poder, los gobernantes, quienes controlan todo en base a la riqueza en esta plutocracia encuebierta, ellos son los verdaderos amos de la guerra.
Una persona que teme a la libertad, que no cuestiona y no juzga la relidad con su propia lógica y pensar, que no siente más porque una radio o una televisión o un diario dicen que así han de ser las cosas y nada hay para debatir, esta persona, sin duda alguna será dependiente de estas cosas para poder reconocer lo que afuera sucede, y así no podrá ya salir de su encierro, ya que la información le llega gracias a la tecnología, y abandonar las murallas que lo "protegen" implica muerte. Sumisión absoluta al concreto, que más puedo decir?
Miren con cuidado, abran bien los ojos, que si tanto esfuerzo hay por mantenernos entre rejas, es para que olvidemos usar nuestro propio genio y corazón, para volvernos sumisos y estúpidos, seres que solo aceptan la información en la vía que se les permite que les llegue, escondiéndose de la vida tras mecanismos de supuesta seguridad que más que proteger, permiten y avalan que este sistema perverso de temor creado para dar más poder a un ente que existe gracias a nosotros, por y para nosotros; en lugar de solventar problemas los genera, ya que, quien sepa comerciar la enfermedad sin duda, sabrá negociar a su entero provecho..............la cura.

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